Del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10

En su viaje a Jerusalén entró Jesús a Jericó, e iba atravesando la ciudad. Había allí un hombre que se llamaba Zaqueo, jefe de los recaudadores y rico. Y trataba de ver quién era Jesús, pero no podía por el gentío, ya que él era de baja estatura. Entonces corrió a adelantarse a los demás y se subió a un árbol para poder verlo, pues Jesús iba a pasar por ese sitio. Cuando Jesús llegó, levantó la vista y le dijo: “Zaqueo, baja en seguida, que hoy voy a quedarme en tu casa”. Él bajó a toda prisa y lo recibió en su casa con alegría. Pero todos, al ver esto, empezaron a criticar a Jesús por ir a hospedarse en la casa de un pecador. Zaqueo se dirigió al Señor y le dijo: “Mira, Señor: voy a dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si a alguien le cobré más de lo debido, le voy a devolver cuatro veces más”. Entonces dijo Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa, pues también Zaqueo es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar a los que estaban perdidos”.

 Palabra del Señor.

PARA MEDITAR

El encuentro entre Jesús y Zaqueo realiza la salvación, que es imposible para todos, pero no para Dios (18, 27), para quien nada es imposible (1, 37). Finalmente, el deseo del hombre de ver al Hijo del hombre se encuentra con “el deber” de este de morar y descansar junto a Él. Finalmente, Dios y el hombre encuentran casa el uno en el otro y pueden cesar en su fatiga. En Zaqueo, ese Dios que provee incluso a las crías del cuervo cuando graznan (Sal 147, 9), se acuerda de cada hombre, aunque sea pequeño e impuro, y lo purifica para que pueda realizar el santo viaje.

Es un episodio clave, es la solución de lo que precede y es preludio de lo que seguirá. En él se distinguen los varios hilos del “evangelio de la misericordia”. Cada palabra es alusiva al todo y deja resonar cada uno de los temas preferidos del evangelista, como son los de la salvación universal, desde los del pesebre de Belén hasta los del madero del Calvario. Las expresiones más cargadas de resonancia son en su orden: pasar, jefe de los publicanos, rico, apresurarse, hoy, es preciso, quedarse, acoger, alegrarse, murmurar, descansar, pecador, dar a los pobres, salvación, buscar, lo que está perdido. El centro es el deseo de Zaqueo “de ver” y la mirada de Jesús hacia él. De este encuentro de miradas brota “hoy” la salvación: el Salvador nace en el corazón del hombre por el cual ha muerto.

PARA REFLEXIONAR

  • ¿Cuáles de nuestros comportamientos le cierran las puertas a Jesús? ¿Qué podemos hacer para que Él entre en nuestro corazón?

ORACIÓN

Señor Jesús, las barreras del pecado nos impiden mirar la grandeza de tu amor, pero tu misericordia es superior a todo obstáculo, y tu bondad abraza todo nuestro ser. Amén.

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