Del Evangelio según san Lucas 18, 1-8

ara inculcar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desanimarse, les dijo el Señor esta parábola: “En una ciudad había un juez que no tenía temor a Dios ni respeto a los hombres. Había también allí una viuda, que iba a donde el juez a pedirle que la defendiera de un enemigo que tenía. Por mucho tiempo, el juez no quiso hacerle caso; pero al fin, aunque no tenía temor a Dios ni respeto a los hombres, dijo para sus adentros: ‘Es tanto lo que esta viuda me molesta, que voy a defenderla. Si no, de tanto venir a quejarse me va a desesperar’”. Y añadió el Señor: “Esto es lo que dice un juez, sin conciencia. ¿Y creen que Dios no saldrá en defensa de sus escogidos cuando claman a Él día y noche? ¿Creen que los dejará esperando? Yo les digo: sin demora saldrá en defensa de ellos. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará en la tierra esa confianza?”.

 Palabra del Señor.

PARA MEDITAR

La liturgia de este domingo nos ofrece un texto del Evangelio de Lucas que habla de oración, un tema muy importante para Lucas. Es la segunda vez que este evangelista trae palabras de Jesús para enseñarnos a orar. La primera vez (Lc 11, 1-13), introduce el texto del Padrenuestro y mediante comparaciones y parábolas, nos enseña que debemos orar siempre, sin desfallecer. Ahora, esta segunda vez, (Lc 18, 1-4), Lucas recurre de nuevo a parábolas extraídas de la vida de cada día para dar instrucciones sobre la oración: la parábola de la viuda y del juez (18, 1-8), del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14).

La recomendación “orar sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento. Era una de las características de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. Y también uno de los puntos en los que Lucas insiste mayormente, tanto en el Evangelio como en los Hechos.

La eficacia de la oración continua, de la súplica constante, de la búsqueda insistente del amor por la verdad y la justicia, forja al discípulo en la misión. Solo aquellos que rezan insistentemente ponen a Cristo en el centro de sus vidas y de la misión que se les confía, creciendo en la fe. Solo aquellos que oran insistentemente se vuelven atentos y son capaces de escuchar, comprender y descubrir las necesidades y las peticiones de redención material y espiritual tan presentes en el corazón de la humanidad de hoy.

PARA REFLEXIONAR

  • ¿Somos de las personas que pensamos que luchar por una sociedad con justicia para todos no es una tarea que nos compromete como cristianos?

ORACIÓN

Señor Jesús, tú nos enseñaste a hablar con Dios como un hijo con su Padre, afirmando que todo lo que pidamos en tu nombre, Él nos concederá. Con esta certeza queremos orar siempre. Amén.

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