Calendario Litúrgico

  • 17
    17.Enero.Miércoles

    Todo el día
    2018-01-17

    ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?

    En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.

    Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?”. Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana.

    Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús.

    Palabra del Señor.

    LEVÁNTATE, PONTE EN MEDIO

    Verdad: Uno de los términos que más expresa la reacción de Jesús ante el sufrimiento, la enfermedad y la injusticia es “compadecerse”. A Jesús le llega al alma ver sufrir a las personas. Por eso, al ver a aquel hombre con la mano paralizada en la sinagoga, pospone la oración litúrgica para atender aquella urgente necesidad, porque se conmueve. Para Él no hay límites ni leyes cuando se trata de la vida de las personas, por eso pregunta: “Qué está permitido hacer en sábado (…) salvar la vida o dejarlo morir?”. El papa Francisco dice que “Jesús se presenta públicamente como un luchador contra la enfermedad, pues ha venido para sanar al hombre de todo mal, tanto del espíritu como del cuerpo”. Pero, ¿por qué no pudo esperar a que pase el sábado para curarlo, como le increpan los legalistas? Porque no se puede dejar para mañana la “ayuda” que se debe prodigar hoy a los necesitados. Además, el anuncio del Reino es urgente, y Dios quiere personas plenas para que hagan extensivo su mensaje de salvación. Pues, como dice san Beda, “el hombre con la mano seca representa al género humano infecundo para el bien. Porque desde que la mano se emplea en obras prohibidas se seca para las buenas. Pero se restablecerá otra vez cuando vuelva a la virtud. Por eso dice el Señor: Levántate (esto es, del pecado) y ponte en medio, es decir, en medio de la comunidad para hacer grandes obras y no pequeñas y superfluas acciones”.

    Camino: ¿Qué es para nosotros la nueva Ley? ¿Cómo interpretamos las exigencias de Cristo?

    Vida: Bendito seas, Señor, mi amigo fiel, mi fortaleza. Tú que te conmueves ante el dolor y el sufrimiento, cura mis parálisis para que pueda servirte a ti y a los hermanos. Amén.

  • 19
    19.Enero.Viernes

    Todo el día
    2018-01-19

    Jesús llamó a los que Él quiso, para que se quedaran con Él.

    En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que Él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con Él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.
    Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir “hijos del trueno”; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó. Palabra del Señor.

    LLAMÓ A LOS QUE QUISO

    Verdad: En el contexto de una celebración: el encuentro con el Señor (monte), y delante del pueblo: la multitud que oye con gusto su predicación y se aprovecha de sus milagros, Jesús elige al grupo (comunidad) que lo seguirá, que estará con Él en todas partes…, el “grupo” encargado, luego, de predicar la Buena Noticia, con poder para expulsar demonios (maldad humana). Son los que van a compartir su “misión” mesiánica y serán la base de la comunidad eclesial por todos los siglos. El número doce no es casual: significa la “totalidad” del mundo. La Iglesia será desde este momento el nuevo “pueblo universal de Dios”, unificado en torno a Cristo Jesús.
    En la lista estamos también nosotros. Somos las “piedras” vivas que conforman el cuerpo de Cristo: la Iglesia. Jesús no nos elige por nuestros méritos, porque seamos los más santos o los más sabios, o porque estamos llenos de cualidades y destrezas –cuidado, eso es soberbia–, sino por pura gracia y misericordia. Y así como los Doce, que estuvieron con Él y luego los envió a predicar, también nosotros, cuando celebramos la Eucaristía, estamos con Cristo y, al final de la misa, cuando se nos dice que podemos ir en paz, somos enviados para testimoniar con nuestra vida la Buena Noticia que acabamos de celebrar y comulgar.

    Camino: ¿Cómo nos relacionamos con los líderes de nuestra comunidad eclesial? ¿Cuál es nuestra relación con las personas que están bajo nuestra autoridad?

    Vida: Gracias, Jesús, por pensar también en mí, por llamarme a colaborar en tu misión. No permitas que te defraude. Dame tu gracia para saber escuchar y cumplir tu voluntad. Amén.